• 23/11/2018
  • Javier Tola

Muy lamentable

En días pasados el señor Carlos Zoila Chanca, dejó de existir a la edad de 98 años. La familia y amigos lloramos a este entrañable hombre, bondadoso, carismático, culto y profesor de filosofía contemporánea.
Si bien su salud no era estable y buena, sí tenía muchas ganas de vivir, con un optimismo digno de admiración, todos los días a las cinco de la madrugada empezaba su día, un buen baño con ayuda de su enfermero, bien afeitado, oloroso con perfume de hombre antiguo, es decir a madera y campo.
La rutina diaria era muy importante para él, después de vestirse siempre con elegancia mesurada, se dirigía a la mesa a tomar desayuno, creo que era la causa de su longeva edad, medio vaso de jugo de limón, un plato pequeño de ensalada de fruta, dos huevos ya sean frito, revueltos, pasados o escalfados, una pequeña porción de queso fresco con mermelada con dos tostadas de pan casero y una gran taza de café con leche.
Según su teoría, un buen desayuno debe ser acompañado de una agradable caminata, para luego sentarse en una mecedora a escuchar música clásica.
Ya cerca de media mañana, el enfermero le leía las noticias de los diferentes diarios escritos de la ciudad, poco a poco su buen humor y su deseo de vivir positivamente fue disminuyendo, estaba mortificado con las noticias del país, con la cantidad de robos, con la actitud matonesca y delincuencial de los políticos y la cantidad de violaciones a niños, eran las noticias que cubrían el 80% de la información, el resto eran las calatas de la farándula con su amoríos y pleitos judiciales.
Una noche durante la cena pidió a su familia no hablar de política, ni de delincuencia, que estaba harto de ese tipo de noticias, él prefería hablar de las cosas buenas que la familia había tenido en el día.
Al día siguiente, en el momento de la lectura de las noticias el enfermero empezó por leer la pagina policial donde hacían referencia a un padre que había violado durante quince años a su hija discapacitada.
Don Carlos solo atinó a gritar NO…NO…NO Señor recógeme. Su deseo se cumplió, a la media hora, se quedó dormido en su mecedora, donde permaneció por horas mientras sus familiares lo lloraban y respetaban la felicidad con la que vivió.
Y qué…las malas noticias matan.


javier@operu.com

Deja un comentario