• 10/11/2018
  • Javier Tola

Hay dolores que matan

Uno de esos dolores es el dolor de muela.  Desde que nacemos empiezan a salir los dientes y causan dolor.  Las encías se abren y salen los condenados dientes de leche, pero ese dolor no es comparable a cuando salen las muelas del juicio, que por mas que salgan, a algunos no nos viene el juicio.
Cuando ya tienes cierta edad, no te cuidas la dentadura y tienes una muela picada, en la noche te acuerdas hasta de la bruja Genoveva, a la cual nunca conociste, pero es horrible.  El dolor de muela te hace llorar, no sabes qué hacer, te pones hielo, exageras y te quema el cachete.  Haces gárgaras con sal, son tan feas que terminas en el baño arrojando hasta lo que vas a comes dentro de dos días y como no hay dentista de 24 horas sufres hasta el día siguiente.  
Lo mejor de lo mejor es el remedio de la abuelita.  Ella te acurrucaba en sus brazos, te cantaba canciones tiernas, te daba besos donde te dolía y te ponía “Cera del Pino”, eso era médico de 24 horas.
Pero dolor, lo que se llama DOLOR es el de cabeza.  Allí te duele hasta el apellido materno de tu bisabuela.  Te duele el brazo, te frotan una crema o un spray, te duele la cintura unos parches, pero te duele la cabeza por más que te amarres con una badana  toda la cabeza te duele, bolsa de hielo, te congelas hasta la uña del pie. Te pones monedas en la sien, terminas botando las monedas, pierdes plata y no pasa nada.
Tomas las pastillas que te recomienda tu suegra y no solo te sigue doliendo la cabeza sino que también terminas intoxicado.  Te pones a renegar con cólera contra tu suegra y pleito con tu mujer “claro, siempre es mi mamá la culpable” y que puedes hacer, si ya Napoleón Bonaparte lo decía  “La única batalla que se gana contra una mujer es huyendo”.
Te vas al parque a sentarte a una banca acompañado de tu dolor de cabeza, con las manos te frotas la barba, el cuello, los pelos y no pasa nada, pero de repente y por casualidad pasa la vecina del cuarto piso con su perrito y te dice con una voz acaramelada, con postura de guerrera y ojos agridulces “buenos días vecino, le pasa algo?” 
Se te fue el dolor de cabeza y te salió el alma interna de viejo conquistador y mañoso, no…no…no, estoy bien, vas a decirle un piropo y aparece tu mujer, entonces recurres a tu sabiduría Silencio y una Sonrisa. 
Y qué…cuántas batallas hemos perdido en la vida


javier@operu.com

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