• 16/11/2016
  • Javier Tola

Esta Maldita…

Gripe no
me abandona.  He probado todo tipo de
menjunjes naturales, he seguido las recomendaciones de todas las paisanas, de
todas las brujas, amigas de mi mujer, de todas las díscolas amigas de mis hijas
y nada, la maldita  no se va.

Lo mejor es poner un
plato al sereno,  con una cebolla cortada
en aros con azúcar y luego en la mañana tomarse el jugo.  Hecho, 
pero la maldita no se va.

Corta una cebolla por
la mitad, ponerla en un plato y luego déjarla en la mesa de noche.  Hecho y la maldita no se va.

Tomar té caliente con
limón y pisco, tremenda borrachera que me pegué, y la maldita no se va.

Hervir dos litros de
agua con kion y una vez frio, écharle canela en polvo y tomar tres tazas al día.  Hecho y la maldita no se va.

En una olla con agua,
hervir eucalipto y humear la habitación, pensé que me estaban preparando para
la beatificación, y la maldita no se va.

Lo mejor es Vick
Vaporub, le frotas los pies, la espalda, el pecho y lo forras con papel
periódico caliente. Pensé que era un caballero del Rey Arturo con su armadura,
listo para el combate… y la maldita no se va.

Por último mi mujer
decidió llamar al galeno, parecía la solución más cuerda. A los dos días llegó
la doctora, una mujer imponente vestida de blanco, pelo negro azabache suelto
al viento.  Desde mi cama solo podía
verla de la cintura para arriba, tenía una delantera formidable (lo que hubiera
necesitado nuestro equipo de futbol para ganar el partido), unos ojos con poca
pintura y mirada de culpable.  

Se sentó
al lado mío…en la cama, mientras yo pensaba, porque no se echa mejor. por
supuesto que por respeto a mi mujer, me quedé callado.

Me tomó la mano, me
toco la frente y amablemente me pidió que me volteara, yo que soy un viejo
mañoso, le hice caso inmediatamente.  En
ese momento sacó una aguja que parecia tener 6 metros de largo y “juá”, sin
mediar palabra me la empujó en el “derriére”. Atinando solo a decir AUUUU.
No volvió a dirijirme
la palabra, para entonces solo hablaba con mi mujer, le ponemos estos remedios
para la gripe y “juá”… me empujó un líquido aceitoso. Las lágrimas afloraban de
mis ojos.

Luego sugirio, le
pondremos algo mas para la tos y otro líquido para la fiebre, otro líquido para
los nervios y finalmente otro ya ni se para que…a esas alturas, yacía en la
cama como muerto viviente.

Entonces volvio a
hablarme, ya puede voltearse me dijo…ni la miré, habia perdido todo su encanto,
me quedé boca abajo en mi cama a esperar que esta maldita curandera se marchara.

Cuando estaba ya de
salida, logre escuchar que le decía a mi esposa, dentro de dos días regreso, si
no está mejor le pongo otra dosis. En esos precisos momentos decidí luchar
frontalmente contra la maldita.

Tome fuerzas, me
levanté de la cama, me saqué el pijama en plena corriente de aire, me metí a la
ducha con agua fría, me tomé un “Mejor Mejora Mejoral” y santo remedio, estoy
aliviado.

El Mejoral estaba en
mi cajón de la mesa de noche desde hace como dos años y no sé si estaría
vencido, pero así nos curaba mi Abuelita.

Y què…se que pronto
regresará.


javier@operu.com

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